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Cómo fomentar la creatividad mediante el diseño de oficina

Hay un episodio de la famosa serie Seinfeld en el que George es insultado en una reunión, pero no es hasta que está de camino a casa desde la oficina que le viene a la cabeza la réplica perfecta. Siendo el personaje que es, decide que no quiere desperdiciar su creatividad, así que organiza una segunda reunión para poder usar esta réplica con la persona que lo insultó, pero las cosas no salen como él pretendía. Es un ejemplo de lo que los franceses llaman l’esprit de l’escalier y los alemanes Treppenwitz, algo así, en ambos idiomas, como el ingenio que surge en la escalera.

Describe el fenómeno que todos hemos experimentado alguna vez: las mejores ideas nos vienen cuando dejamos de pensar en ellas. Cuando nuestra mente divaga, especialmente cuando el cuerpo le acompaña en sus divagaciones, es libre de generar momentos de creatividad e inspiración.

Como era de suponer, hay buenas razones para que esto sea así. En su libro, The Eureka Factor: Aha Moments, Creative Insight, and the Brain, el profesor John Kounios argumenta que nuestros cerebros disponen primordialmente de dos maneras de resolver los problemas. Una es la analítica, en la que usamos una metodología rígida para llegar a una solución. Radica en el lóbulo frontal de nuestros cerebros, que es responsable de la atención, la organización de la información y el enfoque. La otra es una en la que experimentamos un momento «eureka», en el que una idea parece surgir de la nada.

La comprensión de estos fenómenos se basaba en sus investigaciones de lo que sucede en el cerebro cuando tiene ideas o resuelve problemas. Mediante la tecnología de neuroimagen, Kounios y sus colegas de investigación invitaron a un número de personas a resolver rompecabezas. Lo que descubrieron fue que poco antes de un estallido de actividad en el lóbulo temporal derecho del cerebro, que indicaba un momento de inspiración o creatividad, el propio cerebro «desconectaba» la corteza visual, que procesa la vista y la percepción.

Kounios y sus colegas investigadores lo compararon con la forma en que cerramos los ojos o miramos hacia otro lado inmediatamente antes de un momento «eureka». Por un momento somos inconscientes de nuestro entorno mientras la idea se hace realidad. El breve cambio en la función del cerebro le permite centrarse en su interior y utilizar el subconsciente para establecer vínculos entre la información que ha almacenado y presentarla a continuación a nuestra mente consciente.

Por el contrario, cuando se piensa metódicamente en un problema, el cerebro utiliza el lóbulo frontal para centrar la atención en el exterior con el fin de adquirir toda la información posible.

¡Eureka!

El proceso para tener epifanías de creatividad se optimiza cuando no estamos en un marco mental metódico; idealmente, de hecho, cuando no estamos procesando información de una manera formal. Por eso un paseo por el parque, un cambio de actividad o de escenario o hacer algo rutinario como ducharse son propicios para esos momentos. Sentarse en el puesto de trabajo en la oficina puede ser la mejor forma de completar muchas tareas, pero no es necesariamente lo mejor para prender la chispa creativa.

Simplemente estar al aire libre o poder percibir la naturaleza desde nuestra oficina puede liberar endorfinas y aumentar nuestra sensación de bienestar, llevando al cerebro al estado mental adecuado para un momento «eureka». Alejarse de un problema también le da al cerebro la oportunidad de poner menos énfasis en su lóbulo frontal y permitir que el lado inconsciente intervenga.

Un estudio publicado en la revista Psychological Science, llamado Inspired by Distraction: Mind Wandering Facilitates Creative Incubation, halló que, cuando se dan las condiciones para que nuestras mentes puedan divagar, el cerebro hace conexiones entre partes de información de manera inconsciente, aumentando enormemente nuestra capacidad para tener ideas reveladoras.

Podemos lograr esto haciendo cosas simples como hacer ejercicio al aire libre, salir a caminar o simplemente relajarnos. Podemos lograrlo cambiando nuestros comportamientos, pero también cambiando nuestro entorno. Una oficina que anima a la gente a moverse y a ser consciente del mundo natural no solo es buena para el bienestar físico y psicológico, sino que nos permite trabajar de diferentes maneras, adaptarnos mejor a la forma en que funciona nuestro cerebro. Eso incluye momentos de no hacer nada en particular o de sentarse o cerrar los ojos o simplemente subir unas escaleras para aprovechar el potencial de creatividad que todos tenemos dentro.

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