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Una nueva perspectiva sobre el futuro de la oficina

El impacto que tenemos sobre el planeta lleva mucho tiempo siendo motivo de preocupación. A finales del siglo XVIII, con la implantación de la revolución industrial, un clérigo inglés abordó el problema en un pequeño libro, añadiendo con el tiempo su nombre al acervo cultural mundial. El «Ensayo sobre el principio de la población» de Thomas Malthus se publicó en 1798 e influyó en el pensamiento de los primeros economistas, así como en el de Charles Darwin, llegando a obligar al gobierno británico a realizar censos regulares de la población para su planificación.

La paradoja principal que plantea el libro sugiere que cuando la población aumenta geométricamente (por multiplicación) y la producción de alimentos crece aritméticamente (por adición), el resultado final solo puede ser la reducción de los salarios, el aumento de los precios y, en última instancia, la aparición de hambrunas. El término «maltusiano» acabó recogido en el léxico para describir esta paradoja.

Sin embargo, ahora sabemos que Malthus ignoraba una tercera variable en sus reflexiones: pasó por alto el ingenio humano y su impacto, asumió que el futuro sería una extrapolación del presente y no contempló que pudieran aparecer nuevas vías. Así, más de doscientos años después, nos preocupamos más por la obesidad y el desperdicio de alimentos que por tener suficiente comida.

Una nueva ecuación

La forma en que el mercado inmobiliario comercial responde a las necesidades cambiantes de las empresas genera un debate similar. En el pasado, ha sido posible correlacionar directamente el número de empleados con la superficie y el tipo de espacio que una organización necesita para la oficina. Ambos han crecido tradicionalmente aritméticamente en paralelo. Este pensamiento lineal está codificado hasta cierto punto en las directrices del British Council for Offices y el Royal Institute of Chartered Surveyors.

En un reciente artículo de Richard Kauntze, presidente del BCO, publicado en el Architects Journal, el espacio medio asignado a un oficinista británico asciende actualmente a unos 9,6 m² por persona (con tendencia a la baja) que, como señala Kauntze, es bastante menos que el espacio asignado a sus homólogos daneses.

Sin embargo, al igual que con la teoría de Malthus, la ecuación se complica ahora con otras variables, sobre todo con los cambios en la forma en que usamos la oficina y cómo vemos los espacios y el tiempo en que trabajamos. Al presente y al futuro de la oficina se llega por nuevos caminos, no por los que se han recorrido anteriormente.

En los últimos años se han producido cambios profundos en la forma en que las empresas diseñan y gestionan sus oficinas y la ecuación de la eficiencia del espacio, relativamente sencilla, ha sido sustituida por algo más sofisticado. Antes, el diseño y la gestión de la oficina se centraban en las nociones «tayloristas» de rotación, eficiencia del espacio y en la necesidad de expresar la jerarquía a través del tamaño de los puestos de trabajo y la existencia de espacios privados. Los arrendamientos eran largos, los tiempos y los espacios eran relativamente fijos. Ahora se definen por principios de diseño democráticos, con un espacio compartido entre personas de diferentes disciplinas, como es el caso de la nueva Sedus Smart Office. Al mismo tiempo, el mercado inmobiliario está experimentando una revolución por las fuerzas del coworking.

Estos cambios no son simplemente una evolución de lo que ha ocurrido antes, sino la creación de nuevas formas de espacios de trabajo. El futuro de la oficina estará marcado por nuevas fuerzas, nuevas tecnologías y nuevas ideas.

Sedus Smart Office

Smart tech. Smart offices. 

Nada de esto supone que la oficina tradicional vaya a desparecer. De hecho, podría decirse que su importancia está aumentando. Las principales empresas creativas y tecnológicas del mundo están apostando a una escala sin precedentes por las oficinas como una forma de reunir a las personas para que tengan mejores ideas y desarrollen relaciones más sólidas entre sí y con sus empleadores.

Lo interesante es la forma que adoptan estos nuevos edificios, tomando prestado no solo el lenguaje de otras formas de construcción, sino sus características estéticas y funcionales para forjar una nueva experiencia para las personas que los habitan. Hay disponibles bajo demanda espacios específicos para diferentes tipos de trabajo y diferentes estructuras organizativas y líneas de comunicación, así como para comer, beber, socializar y relajarse.

La tecnología inteligente integrada permite a las personas ver qué espacios están disponibles y cuáles se adaptan mejor a sus necesidades, lo que supone una vía de retroalimentación para la empresa de cara a adaptar el espacio de trabajo y alinearlo más estrechamente con las necesidades de sus usuarios.

Esta convergencia del espacio de trabajo digital y físico es el tema del último número de Sedus Insights, El nuevo horizonte de la eficiencia, en el que se analizan los desafíos del futuro de la oficina: cómo ajustar su diseño y la forma en que las habitamos y gestionamos en esta parte del siglo XXI.

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